Entrevista a MITOLOGICA_MENTE
Bajo la sombra de Sísifo | Francisco Rojas-Claros
¿Por qué empezaste a escribir, qué fue lo que te impulsó a ello?
Yo no empecé a escribir ficción. Empecé a reescribir un mito que nos habían robado a todos. Literalmente. Soy doctor en Historia, especialista en propaganda, censura y medios de comunicación del siglo XX. Llevo años publicando artículos y monografías académicas; la ficción no estaba en mis planes.
Lo que ocurrió fue que me reencontré con Maica, mi ex y amiga de toda la vida.
Siempre nos había apasionado la literatura fantástica y la mitología. Hablamos de hacer
un proyecto juntos: vídeos de YouTube sobre cuentos folklóricos, mitos y leyendas
reescritos por nosotros y narrados a modo de audiolibro, manteniendo la esencia cruda
de los originales. En cuestión de un año nos volvimos a enamorar perdidamente y nos
casamos.
Entre los mitos que queríamos reivindicar estaba el de Belerofonte. Y digo «reivindicar»
porque Hollywood y la cultura pop lo habían borrado: cualquiera te dice que Perseo o
Heracles montaban a Pegaso, y no. El único jinete de Pegaso es Belerofonte. Nos
fuimos a las fuentes primarias (Homero, Apolodoro, Píndaro) y descubrimos que lo que
quedaba estaba muy fragmentado, pero atando cabos daba para una historia
extraordinariamente cinematográfica. El tercer gran héroe cronológico de la mitología
griega. El tercer cazador de monstruos. Y estaba olvidado. O peor: mancillado.
Aquel guion para un vídeo de quince minutos se me fue de las manos hasta convertirse
en una novela. Y luego en una saga entera. Y aquí estamos.
¿Qué sueños literarios tienes? ¿Aspiras a publicar con alguna editorial, a algún
premio…?
Mi sueño no es un premio concreto ni una editorial concreta. Mi sueño es
un modelo y un universo. Por un lado, quiero desarrollar varias sagas mitológicas
dentro de un mismo universo transmedia que llamamos Mitológica Mente. Todo está
encaminado —y esto es un spoiler que no me importa hacer, porque es Historia, no
ficción— a que el arco final termine con el colapso de la Edad del Bronce. Con la caída
de los palacios micénicos, los Pueblos del Mar, el fin de un mundo. Hacia ahí convergen
todas las sagas.
Para eso necesito dos cosas: comunidad y acompañamiento editorial. Lectores que
debatan, que se apropien del universo. Y un modelo híbrido: el alcance y la distribución
de una editorial potente, combinado con la libertad creativa y el contacto directo con el
lector que me da la autopublicación. No aspiro a ser un autor de catálogo; aspiro a ser
un autor de proyecto.
¿Un premio? Si viniera, bienvenido sea. Pero no escribo para jurados. Escribo para la
chica de diecinueve años que se ha leído la Ilíada y descubre que le han contado mal la
historia de Pegaso, y para el lector adulto que quiere épica pero también quiere pensar
sobre cómo se fabrican los héroes.
¿Qué futuros proyectos tienes?
El inmediato es el Libro II, Juego de reyes, y el Libro III, Desde las ruinas.Pero el proyecto grande es el universo Mitológica Mente: varias sagas mitológicas entrelazadas que convergen en el colapso de la Edad del Bronce. Cada saga aborda un mito distinto, un territorio distinto, un conflicto distinto, pero todas comparten mundo, cronología y tesis: que los mitos son herramientas de poder y que los héroes son construcciones narrativas.
¿Cómo es tu proceso creativo?
Caótico en apariencia, muy estructurado por debajo. Maica y yo trabajamos juntos en todas las fases. Ella es cocreadora del universo. Hablamos, discutimos, reímos, nos enfadamos con los personajes como si fueran vecinos.
Yo vengo de la investigación histórica, así que mi primer impulso es siempre
documentarme: fuentes primarias, arqueología, contexto. Pero luego necesito traicionar
la documentación para que haya ficción. Busco los huecos entre las fuentes. Los huecos
son donde vive la novela.
Luego viene la escaleta, muy flexible, que sé que voy a romper en cuanto los personajes
empiecen a hablar. Escribo de forma bastante lineal, con muchas idas y venidas. Y
Maica es mi primera lectora, mi correctora de sensibilidad y mi abogada del diablo. Si
algo no le funciona a ella, no funciona.
Hay una regla que me impongo: si un personaje me pide algo que contradice mi
escaleta, el personaje gana siempre. La escaleta es un mapa; el territorio es el texto.
Y hay algo más que me resulta inevitable: la teoría se me cuela. No puedo evitarlo.
Cuando escribo una escena de consejo político, estoy pensando en Gramsci. Cuando
escribo a Corinna grabando en arcilla, estoy pensando en Chartier. Cuando Yóbates
manipula la narrativa, estoy pensando en la censura franquista y el Ministerio de
Información y Turismo. No lo hago consciente en el momento de escribir; lo descubro
después. La teoría está en los huesos del texto, no en la superficie.
¿Tienes alguna fuente de inspiración preferente?
Tengo dos familias de inspiración. La primera es la de los narradores que bajan el mito del pedestal: Stephen Fry con su trilogía (Mythos, Heroes, Troy); Eduardo Mendoza con su manera de poner a hablar a los personajes históricos como vecinos de rellano; y Velázquez, que pintó a Marte como un soldado del tercio cansado o a Venus mostrando el trasero de una cortesana. A esa mezcla la llamo la «norma Fry/Mendoza»: lo divino tratado con la cercanía de lo humano, el anacronismo como herramienta de desmitificación consciente. Es mi marca de casa.
En cuanto a sagas, soy más de Dune y de George R. R. Martin que de Tolkien, aunque
Tolkien también está. La primera trilogía de Dune me fascinó porque no es una novela
de aventuras con gusanos de arena: es un tratado de ciencia política. De Martin me
queda la valentía estructural: matar al protagonista en el libro nudo, las consecuencias
reales de las decisiones, la política como motor. Y de Tolkien, la melancolía: la elegía
por un mundo que se apaga.
La segunda familia es la de los teóricos. Roger Chartier y la historia de la lectura, la
idea de que el lector se apropia del texto. Gramsci y la hegemonía cultural, la guerra de
posiciones, el intelectual orgánico. McLuhan y la idea de que el medio es el mensaje.
Los marxistas británicos de los años treinta y cuarenta: E. P. Thompson, ChristopherHill, Raymond Williams. La historia desde abajo. La cultura no como reflejo del poder,
sino como proceso constitutivo de la realidad. En mi saga, las historias no cuentan el
mundo: las historias forjan el mundo. Lo dice Corinna: «las grandes historias se cuentan
junto al fuego», y esas historias son las que construyen la realidad.
Y luego está Homero, claro. Siempre Homero. El Canto VI de la Ilíada, donde Glauco
II cuenta la historia de su abuelo Belerofonte, es el punto de partida de todo. Es, por
cierto, la primera aparición de las amazonas en la literatura griega. Un dato que me
encanta. Lo curioso es que en esta primera versión del mito no se menciona a Pegaso.
¿Cuál es tu proyecto más reciente?
Bajo la sombra de Sísifo, el primer volumen de la saga Belerofonte, el jinete de Pegaso. Es una novela épica ambientada en la Edad del Bronce que cuenta la historia del tercer gran héroe de la mitología griega: un príncipe desterrado que mata a su hermano por accidente, carga esa culpa como una piedra de Sísifo —nunca mejor dicho— y termina enfrentándose a la Quimera montado sobre Pegaso.
Pero no es una novela de aventuras al uso. Es una novela sobre cómo se fabrica un
héroe, sobre quién cuenta la historia y a quién beneficia el silencio. Belerofonte no
busca gloria: busca redención. Y el mundo lo convierte en leyenda contra su voluntad.
La verdadera protagonista es su prima Corinna, una princesa huérfana que teje, escribe
en arcilla y se convierte en la guardiana de la memoria de todo un linaje. Porque las
grandes historias no se cuentan solas: alguien tiene que encender el fuego.
¿Cómo surgió tu proyecto actual y cuál es el objetivo detrás de él?
Surgió de una indignación. Maica y yo descubrimos que la cultura pop le había robado a Belerofonte su caballo alado. Que la gente asocia a Pegaso con Perseo o con Heracles, y que Belerofonte directamente no existe en el imaginario popular. Eso nos pareció una
injusticia narrativa que había que corregir.
Pero el objetivo fue creciendo. No se trataba solo de contar el mito, sino de interrogarlo.
Yo llevo toda mi carrera estudiando cómo se construyen los relatos de poder, cómo la
propaganda fabrica héroes y villanos, cómo la censura borra lo que no conviene. Y me
di cuenta de que el mito de Belerofonte es un laboratorio perfecto para todas esas
preguntas: ¿quién cuenta la historia? Homero, a través de su nieto, en un contexto
político muy concreto. ¿Qué se calla? ¿Qué se exagera? ¿A quién beneficia que
Belerofonte sea un semidiós y no un hombre roto?
El objetivo, en definitiva, es doble: devolver a Belerofonte su lugar en la mitología, y
utilizar el mito como vehículo para una reflexión sobre la propaganda, la memoria y el
poder. Todo ello con épica, con humor, con anacronismos deliberados y con un realismo
sucio que ancle la fantasía en el cuerpo.
¿Qué ha sido lo más difícil de tu proyecto actual y qué es, en general, lo que más te
cuesta a la hora de escribir?
Lo más difícil fue la transición de académico a narrador.
En un artículo académico tú controlas el argumento, la estructura, el tono. En una
novela, los personajes te llevan. Yo necesitaba aprender a soltar el control, a dejar que
Corinna dijera lo que yo no había previsto, que Glauco tuviera una ternura que mi
escaleta no contemplaba.
También fue difícil el equilibrio entre el rigor y la libertad narrativa. No soy filólogo ni
helenista. Soy historiador de los medios del siglo XX aplicado a la Edad del Bronce. Eso significa que tengo una mirada distinta, pero también que tengo que ser honesto
sobre mis límites y mis libertades. Los anacronismos son deliberados, están declarados
en la nota del autor, pero cada decisión hay que sopesarla.
En general, lo que más me cuesta es el ritmo. La épica pide frases largas, subordinadas,
casi litúrgicas. El realismo sucio pide frases cortas, secas, de impacto. Y la «norma Fry/
Mendoza» pide que convivan en el mismo párrafo sin que el lector sienta el salto.
Encontrar ese punto de soldadura invisible es lo que más me cuesta y lo que más
disfruto cuando sale bien.
¿Cómo te has sentido al terminarlo?
Roto y eufórico a partes iguales. Roto porque
llevaba años dentro de esa historia, y al terminarla sentí que dejaba a los personajes en
un lugar donde ya no podía protegerlos. Belerofonte se va a la Quimera, Corinna se
queda sola en Corinto, y yo ya no podía intervenir. Es una sensación extraña, como
despedir a un hijo.
Y eufórico porque es mi primera novela. Yo había publicado artículos, monografías,
capítulos de libro, pero nunca ficción. Terminar una novela con su estructura, su arco, su
epílogo, fue una victoria personal que no esperaba. Y además, con Maica a mi lado en
cada fase. El libro está dedicado a ella, y no es un cumplido: sin ella, literalmente, no
existiría.
Y luego está la satisfacción del deber cumplido con el mito. Belerofonte tiene, por fin,
una historia que le hace justicia. No la que contaba la cultura pop. No la que contaba la
propaganda de los reyes dentro del propio libro. La historia que Corinna teje junto al
fuego. Y eso, para mí, es suficiente.
¿Dónde se puede adquirir?
Bajo la sombra de Sísifo está disponible en Amazon KDP,
tanto en formato digital como en edición de tapa blanda, y de forma gratuita para
usuarios de Kindle Unlimited (se puede adquirir directamente a través de este enlace de
Amazon: https://www.amazon.es/dp/B0GTNB56X3).
Para quien quiera saber más, comentar la obra o escribirnos, estamos disponibles en
mitologicamente.contacto@gmail.com. Estamos construyendo una comunidad activa,
y cada lector que llega es un hilo más en este telar.
Muchísimas gracias a Mitologica_mente por concedernos esta interesante entrevista acerca de su nueva obra.
Comentarios