Poemas de MARITÉ IRIMIA
la buhardilla
agazapada en la buhardilla
entre bicicletas sin ruedas,
baúles llenos de trastos de
otras épocas, sombreros
pasados de moda y una cuna
donde nadie duerme, se encuentra casandra, la gata que se pierde cada anochecer.
espera impaciente la salida de sus escondites de los ratones de la oscuridad.
estos la han olido y permanecen
ocultos en sus agujeros.
es un juego de resistencia. ella también los ha olfateado y estará en alerta hasta que alguno de ellos salga.
en medio de la infinita quietud, de repente, los bigotes de casandra se tensan, han percibido una vibración que no tiene relación alguna con los roedores. su nariz y sus orejas se hielan. los pelos del espinazo y la cola se erizan.
su orgullo felino se resiste a admitirlo, pero tiene miedo.
una brisa gélida la envuelve y
comienza a temblar. algo terrible está por suceder.
esto nunca ha ocurrido en las noches de cacería de ratones y no le agrada para nada. casandra abre la boca para lanzar un maullido de terror pidiendo ayuda a sus humanos, pero ningún sonido sale de allí. está
paralizada y muda.
de pronto, la vieja cuna comienza a balancearse con un chirrido que penetra como cuchillos en los sensibles oídos de la gata, que intenta salir huyendo de la buhardilla, pero sus patas continúan sin responder. está como atornillada a los tablones del piso. su corazón late aceleradamente y siente que se asfixia.
casandra puede oler su
inminente muerte. finalmente logra emitir un sonido, un potente y desesperado maullido
con la certeza de que será el último.
en medio de su trágica experiencia, la gata percibe una
caricia suave en su cuello y la voz lejana de su humana diciéndole
— casandra, casy, michi, despierta. sabes que comerte la comida del perro te provoca
pesadillas.
marité irimia
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