Textos de ANA RODRÍGUEZ
La herencia
La herencia que quisiera dejarte
no me pertenece.
Ya estaba aquí.
El aire frío que muerde al salir temprano.
El vapor de la boca en invierno.
La tierra oscura después de la lluvia.
La montaña no se aparta.
El lago no se apresura.
Resina en los dedos.
Hierba alta en las piernas.
Algo pequeño insistiendo entre las flores.
Una sombra que se agradece.
Un camino que no permite correr.
El sendero jadeante.
De pronto
lo urgente se vuelve torpe.
El ruido pierde autoridad.
Y durante un instante,
nos sentimos.
Solo esto:
agua fría,
abejas,
nieve,
y lo que aún no se ha perdido.
Octavo piso
En verano
Madrid olía
a asfalto,
a morera,
y tortilla de patata.
Las persianas bajadas a medias,
el ruido de los vasos en la cocina,
los colchones respirando
sobre las terrazas calientes.
Desde abajo
subían voces
que rebotaban entre los bloques:
un niño llorando,
el hierro del afilador,
el canto lejano del butano.
Yo bajaba las escaleras corriendo,
saltando escalones,
con el corazón golpeando.
El portero del edificio
me daba sorbos de manzanilla
con un poco de anís.
Hacíamos fila en la fuente
para llenar globos
que luego nos tirábamos.
Los columpios de hierro
quemaban en verano
y en invierno
se pegaban a las manos.
Hervíamos malas hierbas del parque
como si supiéramos
lo que estábamos haciendo.
Y había que gritar
hasta que mi madre aparecía
muy arriba,
pequeña contra el cielo,
y las llaves caían girando
ocho pisos de aire y miedo.
Al entrar por el portal
ya olía a tortilla de patata
aunque fuera el octavo piso.
Y había que subir.
Regreso
A veces vuelvo.
No siempre a mí,
no siempre del todo.
Hay días
en que reconozco mi voz,
y otros
en que me hablo
como a una extraña.
He dejado migas
para encontrarme.
Un gesto.
Una canción.
Entro
y no sé si esta casa
sigue siendo mía.
Hay cuartos donde aún respiro.
Hay cuartos
que aprendieron a vivir sin mí.
A veces regreso
y algo se enciende.
Otras veces abro,
miro dentro,
y vuelvo a irme.
Quisiera decir
que ya no me pierdo.
Pero no.
Todavía dudo.
Confundo
rutina con refugio,
silencio con paz,
irme con salvarme.
Y, aun así,
cada vez que vuelvo,
aunque sea un momento,
algo me reconoce.
No sé si basta.
Hoy
he llegado hasta la puerta.
No he entrado.
Rendimiento (instrucciones de uso)
Enhorabuena.
Estás viva.
Ahora demuestra
que lo mereces.
Trabaja.
Produce.
Optimiza tu tiempo.
No te detengas demasiado,
eso inquieta.
Gana dinero.
Gástalo bien.
Vuélvelo a ganar.
Compra descanso
en cómodas cuotas.
Llena tu casade cosas
que justifiquen el esfuerzo.
Si te cansas,
viaja.
Desconecta el correo.
Si sigues cansada,
viaja mejor.
Ahorra,
por cierto.
Aunque el dinero
cada vez valga menos.
Pero ahorra.
Es importante.
Sé útil.
Aporta.
Devuelve a la sociedad
el favor de existir.
Y si eres mujer,
recuerda el extra:
tener hijos.
Claro.
Continuar la cadena.
Tu cuerpo,
por cierto,
también participa en el sistema.
Gracias por tu colaboración.
Si en algún momento
te preguntas
cuándo puedes simplemente ser,
revisa las condiciones:
no está incluido.
Pero tranquila,
puedes seguir intentándolo
en tu tiempo libre.
(si queda algo)
Sin permiso
He vivido
con instrucciones.
Cómo sentarme,
hablar,
querer,
trabajar.
Cómo ser amable
pero fuerte.
Cómo tragarse las lentejas.
Palabras de otros.
He llevado nombres.
Difícil.
Intensa.
He heredado miedos.
A molestar.
A cerrar una puerta.
Sobre todo a quedarme fuera.
Y he esperado mucho tiempo.
Respuestas.
Diagnósticos.
El ahora sí.
Mejor no espero más.
No porque ya no duela.
Sino porque no puedo seguir
viviendo como una invitada
dentro de mi propia vida.
Voy a entrar
sin llamar primero.
la_cuenta_secreta_de_ana
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